Menos metas, más paz: mi reflexión de fin de año

Hay algo en el fin de año que nos hace creer que, de un día para otro, todo cambiará mágicamente y nos convertiremos en superhumanos capaces de cumplir cualquier meta.

Hace unos días, hablé de esto con varias personas que me compartieron su miedo a plantearse metas y no cumplirlas. ¿Pero por qué tanto miedo? Una amiga me decía: “Si hago algo, quiero que quede lo mejor posible. Me gusta aprender y capacitarme para perfeccionarme”. A primera vista, suena admirable, pero si profundizamos, detrás de esas palabras hay una carga inmensa que no le permite simplemente hacer algo para disfrutarlo.

¿Por qué somos tan exigentes con nosotros mismos? A veces, ni siquiera trataríamos de esa forma a nadie más.

A finales de 2023, conversaba con mi hermana sobre este tema. Ese fue el año más duro de mi vida: todos mis planes se vieron drásticamente afectados por un diagnóstico inesperado. Entonces me cuestioné: ¿vale la pena seguir estableciendo metas cuando tenemos tan poco control sobre las circunstancias? Además, tenía que tomar decisiones importantes para las que aún no me sentía lista, y eso no me permitía hacer un plan real. Pero, ¿no sería demasiado mediocre no tener metas?

Fue entonces cuando seguimos una técnica que habíamos escuchado: consistía en definir tres palabras que sirvieran de inspiración para el año. Mis palabras fueron vulnerabilidad y plenitud. Sí, solo dos, porque eran más que suficientes.

Déjenme contarles un poco de lo que significaron para mí:

Con plenitud, quería que cada cosa que hiciera me transmitiera paz. Lo puse en práctica en cosas tan cotidianas como elegir comer más de lo que me hace bien, pero también permitirme disfrutar sin culpa aquello que no. También lo apliqué a planes más elaborados, como un viaje a la Patagonia, donde vi pingüinos y delfines.

Sin embargo, vulnerabilidad no fue tan sencilla. Elegí esa palabra porque mi corazón necesitaba un descanso de pretender ser siempre fuerte. Pero, ¿cómo se practica la vulnerabilidad? Empecé con círculos pequeños y de mucha confianza. Eso me permitió descubrir que “la vulnerabilidad no solo te hace más fuerte a ti, sino también a quienes te rodean”.

A lo largo del año, cada vez que debía decidir entre ser vulnerable o hacerme la fuerte, recordaba cuál era mi objetivo.

Esta técnica me encantó porque me permitió tener un norte sin estar amarrada a metas estrictas e inamovibles. Si las circunstancias cambian, simplemente se adapta, sin presiones, sin compromisos.

Para 2025, mis palabras serán bienestar, aprender y legado. Y empiezo hoy, con esta reflexión que espero les sirva como punto de partida para su nuevo año. ¿Cuáles serán las tuyas?

Que tengan un feliz año 2025!

Deja un comentario